Entre los diferentes períodos de dictadura militar que afrontó Brasil durante el siglo pasado, el comprendido entre finales de 1960 y mediados de 1970, fue sin duda el más cruento y sanguinario, conocido como los 'Años de Plomo', estuvo caracterizado por una represión extrema, tras la suspensión de los derechos constitucionales, la libertad, y la consecuente persecución salvaje a todo opositor y disidente del régimen imperante.
A pesar del escenario adverso, existió una resistencia formada por grupos guerrilleros de izquierda, ciudadanos y activistas, como Marcelo, el protagonista de Agente Secreto, un profesor que regresa a la ciudad de Recife, buscando a su hijo pequeño tras la muerte de su esposa, pero cuyo pasado turbulento, le situará pronto en el radar de poderes fácticos a las que se enfrentó junto a su mujer, algo que va a poner en serio peligro su vida.
El realizador Kleber Mendoça Filho, aplica su habitual estilo costumbrista, al servicio de una historia impecablemente ambientada en ese Brasil de mediados de los setenta, y que ya desde el primer instante, con esa brillante escena de la gasolinera aislada por lo rural, muestra la preocupante deshumanización de un país tristemente acostumbrado a la violencia, y la corrupción imperante de los supuestos defensores de la ley y el órden.
En cualquier caso, el realizador no pretende estigmatizar el legado de su tierra, y esto se nota en el especial cariño que pone, tanto a las situaciones de pura cotidianeidad, como el que vuelca en la mayoría de los personajes, algunos de ellos entrañables y muy cercanos, en contraposición a los perfiles más duros, parte indivisible del relato criminal, que acompaña los pasos presentes y pasados de su protagonista.
En el apartado de denuncia política, más que hablar de un gobierno concreto, el film se centra en la división social entre ricos y pobres, o como el poder económico puede devorar la acción de lo público, atacando a la propia zona de investigación de una universidad, por mucho que su trabajo parezca contrastado y legítimo, algo que desgraciadamente siempre se encuentra de actualidad, y aunque parezca increíble, sin solución aparente debido a la dichosa polarización.
Sorprendentemente, y esto suele pasar en las buenas películas, este Agente Secreto lleva consigo un curioso homenaje cinéfilo, a títulos emblemáticos de mediados de los 70, tan reconocibles como Tiburón, o La Profecía, en ese momento único, en el que el cine de Hollywood ofreció al espectador el cambio del clásico al moderno, y el especial impacto que esto tuvo sobre la audiencia, y en general en la imaginación colectiva, aspecto muy bien capturado por Mendoça Filho desde casi los primeros compases, y extendido por las arterias del film como parte de su destacado carácter emotivo.
Finalmente, la penúltima reflexión es para un Wagner Moura superlativo, reciente ganador de la Palma de Oro al mejor actor por su papel de Marcelo, al que acompañan el de mejor director, y el prestigioso premio Fipresci, que entrega la prensa internacional en el marco del Festival galo. En la mirada del actor, entre la esperanza a veces, la tensión, o la propia pesadumbre, se encuentran muchas de las claves de un trabajo, que hay que reconocer que requiere de un esfuerzo por parte del espectador, para conectar todos los detalles de una historia aparentemente sencilla, pero con un fondo muy complejo, algo que precisamente, y gracias al equilibrio entre sus partes, unida a la minuciosidad del relato, acaban por manifestar a este Agente Secreto, como un ejercicio de gran altura cinematográfica.
[Películas del 35 Fancine: Festival de Cine Fantástico Universidad de Málaga]










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