Surgidos de la inagotable cantera cultural neoyorquina, los hermanos Safdie, Ben y Joshua, llamaron la atención en los albores de la pandemia con 'Diamantes en Bruto' (2019), un trabajo enérgico y elaborado, que además mostraba a un Adam Sandler inédito, por convincente, el cual no portaba un traje tan a medida, desde que al maestro Paul Thomas Anderson le regalara 'Embriagado de Amor' a principios de siglo.
Tras anunciar su separación tras la cámara en 2023, por diferencias creativas irreconciliables, ambos realizadores se han lanzado curiosamente al mismo terreno, el del biopic, con una diferencia mínima de unos meses, siendo Ben en primero en estrenar 'The Smashing Machine', un muy estimable retrato de los orígenes de la UFC, centrado en la figura de Mark Kerr, interpretado con gran solvencia por Dwayne Johnson, y que le ha valido el León de Oro al mejor director, en el prestigioso Festival de Cine de Venecia, entre otros reconocimientos.
Protegido por el mismo esprecto independiente, Joshua Safdie ha elegido para su debut en solitario, y a partir de su propio guión original, la historia de Marty Reisman, aquí apedillado Mauser para la causa de un film, que presenta su propia visión del personaje, como una especie de excéntrico vividor siempre al límite, que busca convertirse en campeón mundial de ping pong a toda costa.
Ambientada en los años 50, Marty Supreme no es una biografía al uso del personaje, se basa libremente en sus hazañas y derrotas, para construir un melodrama dinámico, que se apoya en aspectos técnicos muy inspirados, entre los que destacan especialmente el montaje, a cargo del propio realizador y su coguionista Ronald Bronstein, o el diseño de producción del veterano Jack Fish, (marido de la actriz Sissy Spacek, el cual ha trabajado varias veces con directores de la talla de David Lynch, Martin Scorsese, y el antes mencionado P.T. Anderson), factores de consistencia para que Safdie se muestre seguro y determinante desde la silla de mando.
A caballo entre Nueva York y Tokio, entre otros escenarios, que contemplan el recorrido de su protagonista por diversos países, y oscilando lo deportivo y lo emocional, el film hace uso de una narrativa frenética, en la que el espectador se ve forzado a acompañar a Marty Mauser en sus desventuras, toda suerte de antihéroe egocéntrico, hedonista, arrogante, a veces perdedor patético, siempre buscavidas, pero también de esa clase de individuos insultantemente seguros de si mismos, y de su éxito, mientras por su entorno orbitan una serie de personajes, expuestos a la vorágine que genera tan particular carácter autodestructivo.
Dejando a un lado los hallazgos técnicos, donde también habría que apuntar el adecuado trabajo de fotografía de Darius Khondji, o el buen gusto para los temas escogidos para el apartado musical, el film destaca ante todo por el trabajo de sus actores, porque si se trata de ambición, en el centro de la pista de juego se encuentra un Timothée Chalamet en estado de gracia, el cual, y dejando a un lado que se haya hecho daño en la vista, llevando las gafas originales de Reisman, sujeta todo el peso dramático y cínico de su personaje con enorme solvencia, convertido ya desde hace algun tiempo, en estrella indiscutible por derecho propio.
Del resto del reparto, Chalamet se encuentra muy bien acompañado desde el plano secundario por el descubrimiento de Odessa A'Zion, y por el regreso de Gwyneth Paltrow, bastante más convincente en su etapa de madurez interpretativa, dos perfiles femeninos en principio antagónicos por su condicion social, presumiblemente vulnerables, pero que acaban destacando por su singular carácter persuasivo, dando la réplica al protagonista con perseverancia. Completa el elenco la sorpresa de tener al veterano realizador Abel Ferrara, dando vida a un personaje muy a su medida, como si de algún modo pasara el testigo a Safdie en la forma de entender el cine, en su aspecto más primitivo y visceral.
Finalmente, Marty Supreme también coloca (al igual que su hermano Ben) a Joshua Safdie, a la vanguardia del cine independiente norteamericano, no es un biopic al uso, persigue en todo momento trazar su propio camino, tan individual como lo es su peculiar protagonista, y cabe señalar, que un punto menos de obsesión en el desarrollo, le habría dado aún más consistencia, así como mostrar menos vulnerable al personaje en sus conclusiones, lo que resta algo de personalidad a un comienzo bastante más deslumbrante, algo que por otra parte, tampoco estropea los muchos aciertos de un trabajo realizado con personalidad y riesgo, en ese bendito espacio que contempla al cine de perdedores camino del éxito, género normalmente asociado a los deportes y al juego, que tantos títulos de calidad ha aportado al Séptimo Arte a lo largo de los años.














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