35 Fancine: Festival de Cine Fantástico Universidad de Málaga. Día 5, 'The Only Child in the Butchery', 'Fuck my Son!', 'O Agente Secreto', y 'Decorado'.


 16/11/25

Encaramos el domingo centrados aún en las películas a concurso, cada vez queda menos para elegir la que pensamos, debería ser la ganadora del premio 'Gato Rabioso' que otorga la prensa, mientras no dejamos tampoco de votar como público, en esa búsqueda por intentar hacer pleno. En lo personal, tantas películas comienzan a  pasar algo de factura, es un cansancio asumible, las prisas, las carreras, el dormir poco, todo forma parte de esos benditos siete días de pasión fancinera, en los que no debemos levantar mucho la voz, porque solo con imaginarnos el enorme trabajo que tienen los miembros de la organización, a los que les faltan horas al día para estar pendientes de todos los detalles, los invitados, y las mil cosas que surgen cada jornada, solo podemos decir gracias, y animarles a echar el resto para terminar mostrando el mismo nivel de entrega.

La magia de Fancine se muestra en situaciones cinéfilas tales, como es terminar la noche del sábado viendo la infame, pero muy divertida, Fuck my Son!, clasificada X, un título que uno debe obligarse a ver siempre en estos eventos con el publico adecuado, por su carácter provocador, y amanecer el domingo con la estupenda O Agente Secreto, multipremiada cinta brasileña, centrada en los estertores de la dictadura militar que sacudió al país, entre finales de los 60 y mediados de los 70 del siglo pasado.

En el espacio Ánima Zone, hemos disfrutado de la nueva obra de Alberto Vázquez, que al igual que con Unicorn Wars, ha transformado su otro cortometraje de éxito, Decorado, es un largometraje. Como ya es tradición en los ultimos años de Fancine, de esta reseña se ocupa nuestro querido colaborador y amigo Samuel Béjar Ramirez, con bastante más capacidad y criterio para estos asuntos animados, del que sólo añadiré haberla disfrutado en lo personal, aunque como ocurriera con su anterior trabajo, sigo prefiriendo estas historias en el formato del cortometraje.

Antes, desde primera hora de la mañana, han tenido lugar en el Contenedor Cultural de la UMA los habituales talleres infantiles, organizados junto a la asociación Misul, que han llenado de color y creatividad el espacio escénico del Campus de Teatinos. Los más pequeños han participado en el taller “Monta y decora tu cometa”, donde han personalizado con pintura acrílica sus creaciones antes de hacerlas volar. En paralelo, la actividad “Crea tu bombilla de las estaciones” les ha permitido a los niños a partir de 10 años construir una lámpara artesanal ilustrando primavera, verano, otoño e invierno en pequeñas piezas recortadas y ensambladas alrededor de un cilindro transparente con luz interior. Entre mesas, pinceles y tijeras, las familias han convertido el escenario en un pequeño laboratorio artístico dentro del festival, que, un año más, da cabida a los niños con el objetivo de crear cantera.  

Para hoy lunes de resaca, toca completar algunos de los títulos a concurso que aún nos faltan, y finalmente desvelar nuestra elección para el antes mencionado premio Gato Rabioso de la prensa, mientras miramos de reojo la gala de clausura del martes, con la película surcoreana No Other Choice, del maestro Park Chan-wook, el colofón perfecto para ésta 35 edición de Fancine.


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- Fanzriller:

THE ONLY CHILD IN THE BUTCHERY

Si algo hay evidente en el cine surcoreano, es la existencia de toda una industria consolidada, que permite a sus debutantes acceder con mayor facilidad, al menos en comparación con el resto de cinematografías, a sus primeros trabajos como realizadores.

Opera prima de Yoo Hyoung-joon, a partir de su propio guión original, The Only Child in the Butchery es un drama familiar, de tintes criminales, que presenta a un huérfano acogido por sus tíos, el cual trabaja en la carnicería de estos sin cobrar sueldo alguno, algo que va a cambiar cuando agobiado por su novia, se vea forzado a reunir el dinero suficiente para que puedan casarse, al tiempo que descubre un secreto doméstico que podría poner fin a dichos problemas financieros.

Un trabajo pausado, apoyado en el buen hacer de sus actores, que en el caso de los intérpretes coreanos, no suele ser ninguna sorpresa, por los niveles de implicación que suelen aportar, y entre los que destaca su joven protagonista, un Kwo Ji-woo gélido, a veces casi inexpresivo, ideal para componer a un Tae-seob expuesto a un universo personal bastante adverso.

Precisamente, lo mejor que se puede decir del film, es que sus personajes actúan como lo haría cualquiera en la vida real, de forma mezquina e interesada, o lo que es lo mismo, los típicos comportamientos inherentes a la propia condición humana, donde la mentira o la propia codicia, pueden llevar a cualquiera a una situación extrema, poniendo en peligro incluso su propia integridad física.

Por contra, esa mencionada gelidez que porta su protagonista, se adscribe a las formas narrativas, dejando un espacio nulo para el humor, algo que transmite cierta antipatía hacia el film, que si bien hace un buen alarde técnico, en su más que evidente limitación presupuestaria, se toma demasiado en serio a si misma, para contar una historia muchas veces vista en el cine negro o policíaco, géneros de los que huye igualmente, en favor de un tono familiar instalado entre los reproches, y las tensiones de sus integrantes.

Por último, el debut tras la cámara de Yoo Hyoung-joon, muestra detalles muy interesantes, y buena capacidad para la puesta en escena, tanto de interiores, como en la carnicería que da nombre al título, donde juega bien con las texturas y los colores, como en los escenarios naturales, donde provoca algún efecto de tensión genuina, pero igualmente, debe hacer frente a un estilo excesivamente rígido, que acaba por generar cierta aversión por el conjunto de la obra, y sus consideraciones finales.


- Horror Zone:

FUCK MY SON!

Tras engañar a una madre y su hija pequeña, con el viejo truco de la caída, una anciana (o diga mejor un señor disfrazado de vieja) secuestra  a ambas con la macabra intención de entregar a la mujer a su hijo, un engendro que como bien apunta el título, necesita sexo debido a su imposibilidad para conseguirlo por los métodos tradicionales.

Basada en un cómic de Johnny Ryan, de trazo básico y muy grueso, el cual se muestra en los títulos de crédito finales, Fuck my Son! llegaba acompañada de la polémica, tras ser catalogada como película X, y despertar al mismo tiempo, el máximo rechazo de los que habían tenido ya la suerte o la desgracia de soportarla, aunque siendo honestos, este es el tipo de producción que podría haber firmado la Troma, o un Frank Henenlotter de turno, en ese planteamiento fílmico consistente en rodar un cine de terror de bajo presupuesto, casi ínfimo, mostrando escenas de sexo y violencia,  embadurnándolo con grandes cantidades de sangre.

A partir de propio guión original, el norteamericano Todd Rohal busca desde el primer instante, donde avisa con esa innecesaria y estúpida introducción sobre lo que es un contenido calificado X, la simple y mera provocación del respetable, mientras busca introducir, de manera tan torpe como consciente, una serie de desvaríos propios de una película de Serie Z, como son esos diseños grotescos de animación cárnica, que acompañan como verdaderos anormales, a la más joven de sus protagonistas.

Demasiado relleno para un film que podría resumirse en menos de una hora, el tiempo en el que Fuck my Son!, se aisla en un escenario único, y da rienda suelta a su festival de depravación, presentando a su grotesca criatura entrañable, en una especie de mezcla entre Monster Movie, cine basura, o relato Pulp de corte bizarro, y en definitiva, la razón final que indica su título, y por la que cualquiera ha llegado a este punto del metraje sin abandonar la sala, o apagar el televisor en casa.

Añadiendo alguna sorpresa de pura crueldad, y sobre todo mucho humor, hay que señalar que la cinta no representa para nada esa corriente extrema, que básicamente se resume en dar un enorme realismo, para golpear al espectador de forma genuina. Alejados de ese concepto, estamos ante una fantasía orgullosa de ser repulsiva, aspecto que se evidencia en el uso de un maquillaje irreal en sus diseños más destacados, mientras el uso de un lenguaje soez y repugnante en lo sexual, así como alguna escena concreta, hacen el resto para completar la gran broma de mal gusto que supone el film, y del que como aviso, conviene no tomarse nada en serio.

Del reparto, seria injusto no destacar el esfuerzo de Robert Longstreet como Vermina, esa entrañable anciana que sólo busca la felicidad de su hijo, y de Steve Little, la criatura, aunque solo sea para este último, por tener que soportar los kilos de maquillaje que asisten a su personaje, mientras en la lejanía suena algún eco, de ese manual de verdadera provocación trash que era Pink Flamingos, de John Waters, con la que comparte los efectos de tan obsesa relación entre madre e hijo, y sus nefastas consecuencias.

Finalmente, estamos ante un subproducto de carácter infame, que no solo es consciente de ello, además se regodea en su propio vómito, perpetrando esa clase de ejercicio provocador, que por muy fácil que sea definir como producto infecto, también se le reconoce esa capacidad de ser perfecta para ver con amigos, en alguna sesión golfa, o reunión nocturna sobrada de comida basura y muchas cervezas, justo el espacio donde los prejuicios, suelen convertirse en sonoras carcajadas etílicas de relativo entusiasmo.


- Películas a Concurso:

O AGENTE SECRETO

Entre los diferentes períodos de dictadura militar que afrontó Brasil durante el siglo pasado, el comprendido entre finales de 1960 y mediados de 1970, fue sin duda el más cruento y sanguinario, conocido como los 'Años de Plomo', estuvo caracterizado por una represión extrema, tras la suspensión de los derechos constitucionales, la libertad, y la consecuente persecución salvaje a todo opositor y disidente del régimen imperante.

A pesar del escenario adverso, existió una resistencia formada por grupos guerrilleros de izquierda, ciudadanos y activistas, como Marcelo, el protagonista de Agente Secreto, un profesor que regresa a la ciudad de Recife, buscando a su hijo pequeño tras la muerte de su esposa, pero cuyo pasado turbulento, le situará pronto en el radar de poderes fácticos a las que se enfrentó junto a su mujer, algo que va a poner en serio peligro su vida.

El realizador Kleber Mendoça Filho, aplica su habitual estilo costumbrista, al servicio de una historia impecablemente ambientada en ese Brasil de mediados de los setenta, y que ya desde el primer instante, con esa brillante escena de la gasolinera aislada por lo rural, muestra la preocupante deshumanización de un país tristemente acostumbrado a la violencia, y la corrupción imperante de los supuestos defensores de la ley y el órden.

En cualquier caso, el realizador no pretende estigmatizar el legado de su tierra, y esto se nota en el especial cariño que pone, tanto a las situaciones de pura cotidianeidad, como el que vuelca en la mayoría de los personajes, algunos de ellos entrañables y muy cercanos, en contraposición a los perfiles más duros, parte indivisible del relato criminal, que acompaña los pasos presentes y pasados de su protagonista.

En el apartado de denuncia política, más que hablar de un gobierno concreto, el film se centra en la división social entre ricos y pobres, o como el poder económico puede devorar la acción de lo público, atacando a la propia zona de investigación de una universidad, por mucho que su trabajo parezca contrastado y legítimo, algo que desgraciadamente siempre se encuentra de actualidad, y aunque parezca increíble, sin solución aparente debido a la dichosa polarización.

Sorprendentemente, y esto suele pasar en las buenas películas, este Agente Secreto lleva consigo un curioso homenaje cinéfilo, a títulos emblemáticos de mediados de los 70, tan reconocibles como Tiburón, o La Profecía, en ese momento único, en el que el cine de Hollywood ofreció al espectador el cambio del clásico al moderno, y el especial impacto que esto tuvo sobre la audiencia, y en general en la imaginación colectiva, aspecto muy bien capturado por Mendoça Filho desde casi los primeros compases, y extendido por las arterias del film como parte de su destacado carácter emotivo.

Finalmente, la penúltima reflexión es para un Wagner Moura superlativo, reciente ganador de la Palma de Oro al mejor actor por su papel de Marcelo, al que acompañan el de mejor director, y el prestigioso premio Fipresci, que entrega la prensa internacional en el marco del Festival galo. En la mirada del actor, entre la esperanza a veces, la tensión, o la propia pesadumbre, se encuentran muchas de las claves de un trabajo, que hay que reconocer que requiere de un esfuerzo por parte del espectador, para conectar todos los detalles de una historia aparentemente sencilla, pero con un fondo muy complejo, algo que precisamente, y gracias al equilibrio entre sus partes, unida a la minuciosidad del relato, acaban por manifestar a este Agente Secreto, como un ejercicio de gran altura cinematográfica.


- Ánima Zone:

DECORADO

Siguiendo la estela de sus trabajos anteriores, Alberto Vázquez presenta este mismo año su largometraje “Decorado”. Responsable tanto de su guión (junto a colaboradores) como de llevar la batuta en su dirección, es ésta su octava producción, en la que mantiene su particular línea temática y estética. Vázquez repite aquí la fórmula de presentar una primera idea en forma de corto (Decorado, 2016) que posteriormente expande con mayor riqueza en forma de largometraje, como ya ocurriera con Sangre de Unicornio (2013) y Unicorn Wars (2022).  

En una ciudad dominada bajo la omnipresente presencia de la Multinacional ALMA, Arnold, un ratoncito de mediana edad desempleado y al borde de la crisis existencial, malgasta sus días buscando un sentido a su vida, mientras su pobre esposa María sufre su propio proceso de deprimente desconsuelo, al ver que sus vidas no son lo que le prometieron días más felices. Rodeándolos, se despliega todo un reparto de secundarios que de un modo u otro, son víctimas o cómplices (activos o pasivos) del mismo sistema de consumismo y despersonalización que la todopoderosa empresa ha establecido como orden social, que les proporciona una forma de vida en apariencia confortable pero que de manera cada vez más evidente los deja vacíos por dentro (residiendo ahí el juego de palabras del nombre de la villana de esta historia).  

Las obras de Alberto Vázquez se caracterizan ser protagonizadas por tiernos animalitos de aspecto adorable que sin embargo se ven asolados por inquietudes opresivas, y Decorado mantiene esa misma línea, moviéndose entre el drama psicológico y la crítica social. Consigue así crear un efecto bastante turbador entre la aparente dulzura de su animación y la oscuridad de la trama que plantea, logrando crear mediante este contraste una narración inquietante que no deja indiferente. 

De esta manera, Decorado presenta casi un reparto coral en el que cada secundario afronta una realidad en apariencia es perfecta pero que no funciona como debería, siendo Arnold quien manifiesta esa extraña sensación de alienación y pérdida de identidad en un mundo que debería hacerlo sentir realizado y no desear huir de él, pero mostrando las reacciones de otros (los parias que intentan mantenerse aparte de esa forma de vida, los empobrecidos por herencia, los directivos deshumanizados o los juguetes rotos y apartados por el mismo sistema que los creó), como parte complementaria a una crítica social ácida y multifacética, que apunta directamente hacia las grandes empresas que de una forma u otra, interfieren en la vida de sus consumidores y pugnan por su control, a veces de forma más que descarada.


Escrito por Samuel Béjar Ramirez.










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