15/11/25
Llegamos al Sábado, la etapa reina del Fancine, con permiso del jueves de cortometrajes, día de máxima afluencia para las diferentes sesiones ofertadas, así como de un mayor número de posibilidades, que no se limitan a la gran pantalla, y que incluyen actividades paralelas, y sesiones matinales, algo deslucidas este año (otra vez, pero por suerte, con bastante menos intensidad) por la dichosa climatología adversa.
En el Contenedor Cultural de la UMA, tuvo lugar por la mañana una de las citas más esperadas de Fancine, con la celebración del concurso de Kpop, todo un clásico ya del evento, el cual volvió a congregar a un gran número de jóvenes, los cuales acompañaron a los concursantes cantando y reproduciendo las coreografías de sus artistas coreanos favoritos.
Sumidos en la misma vorágine de ayer, avanzamos por las películas a concurso, dosificando los títulos que como ya sabéis, se repiten en los días posteriores, mientras intentamos no descuidar el resto de secciones, completando así la oferta, al menos hasta el momento, de la mayoría de contenidos de esta 35 edición, en una jornada maratoniana, que nos ha llevado a visionar cuatro cintas seguidas, las cuales iremos desgranando en las próximas publicaciones.
En colaboración con el Centro Cultural Coreano, hemos asistido en primicia, al estreno mundial de 'The only child in te butchery', un drama familiar de tono criminal, que no ha tenido presentación por parte de sus responsables, al contrario que la también surcoreana 'Boy', que será presentada hoy domingo por gran parte del equipo responsable, con su realizador a la cabeza.
Rescatamos del cajón de sastre, la película Dead Mail, integrada en el espacio de Noche Shadowz, y presentada por el gran Curro Burgos, junto a la escritora Fátima Romero, un trabajo muy interesante, que pese a su modesto presupuesto, se las ingenia para resultar original y convincente, más allá de su clásica historia de secuestros.
Para hoy domingo, destacar tambien el encuentro con los responsables de 'La Frecuencia Kirilian', en el espacio del Fantástico Iberoamericano, mientras en el Contenedor Cultural (Teatinos), tenéis una Sesión de Cortometrajes Méliès con entrada gratuita hasta completar el aforo, todo un regalo para los amantes de un formato ganador, que poco o nada tiene que envidiar a sus hermanos mayores del largometraje.
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- Películas a Concurso:
THE LAST VIKING
La notable carrera del director y guionista danés Anders Thomas Jensen, va irremediablemente ligada al actor Mads Mikkelsen, en una colaboración que se extiende alrededor de media docena de títulos, algunos tan destacados como Las manzanas de Adán, o De Pollos y Hombres, pero incluso en recientes trabajos como La tierra Prometida, donde Jensen ponía su talento como guionista al servicio de Nikolaj Arcel, y al de Mikkelsen, para el que nuevamente construía un papel protagónico a su medida.
Al salir de prisión, tras cumplir varios años de condena por un atraco, Anker va en busca de su hermano Manfred, el cual se ocupó entonces de enterrar el botín, pese a tener un trastorno disociativo de la personalidad, por el que parece no recordar exactamente dónde se encuentra el tesoro. Juntos emprenderán un viaje para buscarlo y quien sabe, si encontrase a si mismos.
Película con grandes dósis de humor negro marca se la casa, añadiendo gotas de tinte criminal, e incluso mostrándose como una especie de buddy movie fraternal, éste Último vikingo es nueva muestra de la enorme capacidad creativa de su realizador, el cual se mueve como pez en el agua entre la mezcolanza de géneros, cohabitándolos de manera acompasada, e incluso convirtiendo algunos de sus evidentes defectos en virtudes, principalmente cuando la historia corre el riesgo de decaer, por recurrir a algún escenario o idea algo más reiterativa, aspectos donde Jensen aplica al rescate, su particular oficio tras la cámara.
Del resto se ocupa el tándem formado por Nikolaj Lie Kaas y el propio Mikkelsen, dos intérpretes que llevan años trabajando y compartiendo química juntos, en películas del propio Jensen como Jinetes de la justicia, lo que eleva el nivel de complicidad entre los actores y el director, a esos niveles de máxima implicación, el que pueden encontrar nuevas formas para la mejor improvisación en equipo, algo que le da al film un punto de frescura y originalidad impagables.
En su mayor parte, la cinta se traslada a un entorno rural danés, en el que se concentran una serie de personajes pintorescos, cada uno con su espacio y su profundidad, muy bien dibujados desde el guión, e incluso una inquietante amenaza del pasado, en forma de contundente perseguidor, que añade notas de tensión a un relato, que pese a portar generalmente un tono más cómico, no se pone trabas al mostrar cierta dureza formal, en forma de traumas reprimidos, los cuales añade para intentar arrojar respuestas sobre la complicada relación de sus dos hermanos protagonistas.
Finalmente, The Last Viking es uno de esos títulos que cabe recomendar sin reservas, como nuevo capítulo ganador en la colaboración de sus principales implicados, un trabajo original, sorprendente, cuidado en los detalles, tanto en los aspectos narrativos como en los apartados técnicos, donde brilla especialmente la banda sonora a cargo de Jeppe Kaas, colaborador habitual del realizador, ideal para acompañar ese punto emotivo, que no lacrimógeno, que en última instancia consigue alzanzar el film de manera acompasada, sin artificios de ningún tipo.
- Sección Informativa:
REDUX REDUX
El cine independiente norteamericano suele encontrar a veces atajos, en los que sin alejarse del casi obligado concepto dramático que le contempla, puede añadir otros géneros a su espacio de mayor libertad creativa, algo que cuando sale bien, permite a veces posicionar la producción, incluso con mayor intensidad que muchos de los trabajos protegidos por el espectro de lo comercial.
Convertida en un asunto familiar, los realizadores Kevin y Matthew McManus, entregan desde su propio guión original, el protagonismo a Michaela McManus, una madre coraje que persigue al asesino de su hija a través de diferentes realidades, con la esperanza de cambiar el curso de tan trágico suceso.
Con un arranque potente y rompedor, apoyado en un trabajo musical muy adecuado, Redux Redux combina esa reconocible ciencia ficción de viajes temporales, incluyendo su convincente sarcófago retro futurista para desplazarse entre universos paralelos, con un cine criminal muy contundente, al menos de inicio, donde se muestra especialmente inspirado en su planteamiento, mientras combina vibrantes escenas de persecución, y la sensación de peligro se hace tangible.
Lástima que la aparición en el nudo de un personaje más estereotipado, haga descender en intensidad ese carácter inicial más colérico, aproximando el film a un concepto más emocional y previsible, que sin alejarse del todo de la acción, si hace desear que el personaje interpretado por una implicada Angela Mcmanus, continúe su particular cruzada en solitario, como despiadado ángel caído de la venganza.
En cualquier caso, el concepto moral que plantea a cinta, donde la protagonista se convierte en asesina en serie, del asesino en serie que acabó con la vida de su hija, queda intacto y resulta del todo interesante durante todo el recorrido, mientras los realizadores buscan ese tono fronterizo de road movie, muy adecuado para introducir ese escenario final, en el que se desatan buenas dósis de tensión e inquietud genuina, pese a no estar resuelto de la manera más óptima.
Para terminar, es bastante seguro que Redux Redux acabará llamando la atención por su particular temática, el componente nostálgico de ese tipo de cine de estilo ochentero, pensado para el público de una generación que ya empieza a peinar cañas, aún tiene suficiente cuota en pantalla, y ese aspecto es justo el que han sabido explotar los McManus, con más acierto que defectos, y calibrado que su reiteración no afecte demasiado al resultado final de un trabajo interesante, y finalmente recomendable incluso para aquellos, que tienen especial alergia a la etiqueta de lo independiente.
- Noche Shadowz:
DEAD MAIL
Es un hecho bastante contrastado en casi todos los periodos fílmicos, que el planeta cine suele girar en torno a un espectro poblacional concreto, algo que activa el factor nostalgia, y condiciona muchas de las producciones que se suelen llevar a término.
Antes de que los 90 se conviertan definitivamente en los nuevos 80, todavía quedan estertores de aquella década prodigiosa del siglo pasado, lo justo para contar historias como la que ofrece Dead Mail, un relato que posee una estructura inicial algo compleja, y cuya primera escena presenta a una víctima que intenta huir de su secuestrador sin éxito, no sin antes arrojar una misiva al buzón, como última esperanza para dar a conocer su crítica situación.
Segundo trabajo del tándem formado por Joe DeBoer y Kyle McConaghy, a partir de su propio guión original, Dead Mail es un trabajo independiente cuya mayor virtud es mostrarse libre, y en ese espacio más propicio y espontáneo, los realizadores presentan con cuidado a los personajes, incluso a los más secundarios, dándoles credibilidad y cierta profundidad, al tiempo que se permiten jugar con una estética muy cercana a una especie de pesadilla onírica, sin esquivar el que estemos ante una obra de ficción, pero no escatimado tampoco en agresividad, en parte por tener que hacer frente a un presupuesto más bien limitado, que les obliga a capturar la atención de los aspectos más tensionados de la historia.
Una vez superados los primeros compases, con las cartas sobre la mesa, y los personajes más o menos en su sitio, se reproduce, y nunca mejor dicho, el mayor hallazgo de un film, que puede presumir de poseer un objeto capaz de robar el protagonismo, y capturar la atención del espectador, mientras se manifiesta como particular Caja de Pandora, que desata todas las acciones y consecuencias de los implicados, mientras propicia igualmente, que se desmadejen los motivos de tan particular encierro.
El magnetismo que provoca el uso del sonido galvanizado del que Dead Mail hace gala, el cual se extiende a la música, termina por completar el valor de dicho hallazgo, y ofrece un destacado añadido técnico a un film, que también presume de una interpretación principal esforzada, a cargo de John Fleck, un actor más bien desconocido, de trayectoria longeva en cine y televisión, pero en su mayoría irrestreable o poco atractiva, que aquí compone con sobrada habilidad y experiencia, a un personaje con muchas capas, al que resulta injusto juzgar como mero secuestrador, alcanzando incluso cierta complicidad con el respetable en algunos momentos.
Finalmente, la segunda película de McConaghy y DeBoer, es un trabajo que aún haciendo gala de una modesta economía de medios, la cual les obliga a moverse por escenarios minimos, y a recurrir a un elenco de segunda categoría, se manifiesta genuino en la forma, con un particular cuidado por los detalles, y sin mostrarse nada condescendiente con un espectador, al que exige cierta implicación desde los primeros compases, y por mucho que su argumento no resulte para nada novedoso, se las arregla en general, para acabar configurándose como un título diferente y recomendable.












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